Capitán, el perro que vive junto a la tumba de su dueño

capitan

Tienen cuatro patas y mucho pelo, pero estamos convencidos de que aman y sienten igual que cualquier humano. O quizá no, quizá muchos más que muchos humanos. Y la historia de Capitán es una muestra de ello…

Capitán es un perro, sin raza, quizá un cruce entre pastor alemán y otro perro; quién sabe. Lo que es un hecho es que se trata de un perro tan grande como noble.

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Los primeros datos de la historia de Capitán son los que nos puede contar su familia. Un día, los padres de un pequeño decidieron que un perro formara parte de su vida. Y así, llegó Capitán a la familia, siendo un regalo para el pequeño de la casa.
Se hicieron amigos, claro. Pero quien tiene animales sabe muy bien que nosotros no los elegimos a ellos, son ellos los que nos eligen a nosotros. Y Capitán, aunque disfrutaba jugando con el pequeño, decidió que su cuidador y amigo inseparable, sería el padre de ese niño, Miguel. Y así fue. Entre ellos se forjó un vínculo tan fuerte que es indestructible.

Años más tarde Miguel falleció. Desde ese preciso momento Capitán se siente muy solo. Tanto es así que ni siquiera su familia logró consolarlo… Y la forma en la que el triste perro ha logrado expresar su profunda tristeza es estar cerca de su amigo; cada día, Capitán visita la tumba de Miguel, allí se acuesta sobre ella para aliviar su dolor.

La esposa de Miguel cuenta que unos días después de la muerte de su esposo, Capitán desapareció de la casa. Durante un tiempo el perro estuvo durmiendo en la calle, pero un buen día, de repente, le perdieron el rastro…

Hasta que un día, la esposa y su hijo fueron a visitar la tumba de Miguel para ponerle flores. Allí, sorprendentemente, se encontraron a Capitán. La esposa de Miguel cuenta que en ese momento “el perro se nos acercó ladrando, llorando”. Quisieron llevarlo de nuevo a casa, pero Capitán quiso quedarse allí, no se movió de la tumba.

Una semana más tarde, la mujer y su hijo regresaron al cementerio… Y, sí, allí seguía el triste Capitán. Quizá comenzaba a asimilar ya la pérdida de Miguel, porque esta vez sí decidió regresar a casa con ellos. Sin embargo, asimilar no significa olvidar; Capitan sigue visitando cada día la tumba de Miguel.

 

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